Simpatía por el diablo

Simpatía por el diablo

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Le entrega el premio Cecilia Fredes, esposa del alcalde Manuel Rivera.

Cuento de Alfredo Facuse Leiva que recibió Mención Honrosa del Concurso “Breves Palabras a Los Andes”.

“Estaba cerca cuando Jesucristo tuvo su momento de duda y dolor”

Me topé a Jesús el viernes por la noche en la cantina de Papudo, cerca de la Avenida Argentina. No lo veía del año pasado. Este loco estaba comprando una caña de vino y quería pagar con 3 clavos grandes, viejos y oxidados.

Con Jesús solíamos ser rivales, tal vez hasta enemigos, pero eso fue hace demasiado tiempo. Le invité una caña del vino más malo que tuvieran y me senté un rato a conversar. En las palmas de sus manos se veían 2 cicatrices antiguas, como si se hubiera enterrado alguna especie de clavo.

Le pregunté burlonamente como se había hecho esas marcas y me dijo que había sido carpintero hace mucho tiempo.

– Ah, es un oficio peligroso, le dije.

– No tanto, hay otros peores, me respondió.

– Recuerda que fue culpa tuya. Supongo que no has seguido tratando de salvar el alma de los hombres o algo por el estilo.

– Ya perdí la esperanza, las personas no quieren ser salvadas, buscan la condenación. Ni siquiera voy a la iglesia. A ninguna.

Me despedí de Jesús y al doblar por la Avenida Argentina el viento otoñal me dio de lleno en la cara. Cuando metí mis manos en los bolsillos me encontré con los clavos que me había dado a cambio del vino.

Me encontré con 2 amigas en la esquina. Parecían tener frío, algo que obviamente yo no podía sentir. Les pedí que me acompañaran a un lugar más cálido. Me siento triste, les confesé, acabo de ver a un viejo amigo que me trajo recuerdos de épocas pasadas. No pudieron negarse y se fueron caminando conmigo.

Se me acaba de ocurrir una cosa, ahora sé que hacer con los clavos. Les daré uno a cada una y me quedaré con el tercero de recuerdo. Supongo que en el fondo soy un sentimental. Jesús estaría tan orgulloso, él siempre dijo que era bueno compartir. (Marco Mendoza)

 

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