Jorge Astudillo: 42 años fotografiando a la gente y el diario vivir de Los Andes

Jorge Astudillo: 42 años fotografiando a la gente y el diario vivir de Los Andes

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A duras penas ha logrado sobreponerse a tres grandes impactos: la muerte de dos hijos y la destrucción total de su estudio por un incendio.

La vida social ha cambiado radicalmente, y hoy ha tenido que sobrevivir con la notoria disminución de matrimonios y de otros eventos sociales, que eran los grandes sustentos de los fotógrafos de la ciudad.

Enfrentándose y adaptándose a los nuevos tiempos, a nuevas tecnologías y a la caída de la demanda por la notoria disminución de los grandes eventos sociales de antaño, como los matrimonios y bautizos, por ejemplo, el conocido fotógrafo andino Jorge Astudillo Lepe ha logrado llegar a los 42 años de actividad ininterrumpidamente.

No tan solo la disminución de eventos sociales atenta contra la actividad, sino también la irrupción de mucha tecnología audiovisual en manos de la gente, como las cámaras de video y los Smartphone que traen incorporadas cámaras de buena resolución que permiten grabar imágenes y capturar fotografías para posteriormente ser editadas e impresas domésticamente.

En su estudio ubicado en el edificio del Club Progreso de calle O’Higgins frente a la Plaza de Armas que conserva el nombre de su creador, Studio Melián, el flaco Astudillo sigue adelante con la pasión de su vida, la fotografía.

Por sus manos ha pasado prácticamente toda la tecnología en cámaras fotográficas, menos la de cajón. Desde las que usaban películas o rollos en blanco y negro y color, que había que revelar en un cuarto oscuro, para luego avanzar a la gran novedad del siglo pasado con la fotografía instantánea de las Polaroid, las cámaras con disquetes, hasta llegar a las actuales cámaras digitales.

DE LOS FIERROS A LAS FOTOS

Antes de dedicarse a la fotografía tuvo una pequeña fábrica de estructuras metálicas, hasta que hace 42 años derivó en la fotografía al comprarle el estudio que había instalado en la ciudad el fotógrafo Alejandro Melián Retamales, hijo de un suboficial de Carabineros, quien después de varios años regresó al país.

“TIRAME LA COLA”

Por esos años había muchos matrimonios, bautizos y cumpleaños y Alejandro Melián “no era capaz de hacer todos esos trabajo y me decía que le ‘tirara la colita’ porque había fines de semana que tenía hasta cuatro casamientos y nos repartíamos los eventos a cambio de un porcentaje de las ganancias. En ese tiempo se hacían muchas fotografías porque no toda la gente tenía máquinas fotográficas, y en ese momento comenzó en mí la pasión por la fotografía. Alejandro abrió otros locales en Villa Alemana y Viña del Mar, y este local de Los Andes lo dejó un poco abandonado, y un día me dijo que me quedara con el negocio porque no era capaz de atenderlos todos, hasta que le finalmente se lo compré, conservando el nombre original”, encontrándose con la sorpresa que le habían transferido un local lleno de deudas, especialmente de impuestos, por lo cual tuvo que trabajar duro para sanearlo y pagar esos compromisos para poder salvarlo y continuar con la actividad.

REVELADOS

Las nuevas generaciones que nacieron en la era digital no se imaginan como era el proceso de la fotografía de antaño, con cámaras que utilizaban películas, conocidas comúnmente como rollos, que posteriormente había que revelar en un cuarto oscuro utilizando químicos especiales para ello. “Lo que era a color lo llevábamos a revelar a Santiago, y todo los blanco negro se revelaba acá”.

Eran otros tiempos, hoy todo es digital, la película fue desplazada por una tarjeta de memoria externa que se lleva directamente al computador y la impresora.

RAPIDA ADAPTACION

La tecnología avanzó rápidamente y llegó la era digital que significó una transformación profunda en las técnicas fotográficas, pasando de las cámaras con película a las cámaras digitales lo que obligó a los profesionales a realizar una reingeniería en sus actividades para adaptarse a lo nuevo.

ENFRENTANDO LA MENOR DEMANDA

Es una realidad que la demanda ha bajado notoriamente. Ya no hay tantos casamientos por la Iglesia y las posteriores grandes fiestas como en los años de esplendor, e incluso se estilaba llevar un fotógrafo a la ceremonia del Registro Civil.

Igualmente es menor la demanda por fotografías de bautizos, primera comunión, confirmación, graduaciones, desfiles. Incluso antes era obligatorio llevar fotografías tamaño carnet tomadas en estudio para la cédula de identidad. Lo que aún perdura y permite al gremio sostenerse meridianamente son las fotografías para las licencias de conducir y credenciales de empresas de la minería, entre otras.

A sus 79 años espera tener la capacidad y la salud para continuar un tiempo más en la pasión que le ha permitido desarrollarse profesionalmente. A través del tiempo ha logrado obtener un importante capital de trabajo contando en la actualidad con cinco cámaras profesionales y máquinas de revelado instantáneo para fotografías de alta calidad.

PERSONAJES EN El LENTE DE ASTUDILLO

El Lindo Lindo, el Miguel, la Coronta, la María, el Parafina figuran en la galería de personajes populares del Studio Melián. Pero además han pasado por su lente y su estudio de O’Higgins grandes familias como los Carramiñana, Minardi, Goiri y personajes públicos como el Matador Salas, los ex presidentes Eduardo Frei Montalva y Eduardo Frei Ruiz-Tagle, entre otros.

RENACER DE LAS CENIZAS TRAS DEVASTADOR INCENDIO

Hace ocho años Jorge Astudillo tuvo que renacer de las cenizas al perder absolutamente todo tras un voraz incendio que afectó parte del edificio del Club Progreso destruyendo por completo su estudio y sus equipos fotográficos, quedando literalmente de brazos cruzados.

“Se me quemaron todas las máquinas que tenía, Nikon, Penta Canon propias y otras que me habían mandado a reparar las que tuve que comenzar a devolver a duras penas, pero las devolví. Poco a poco comencé a reconstruir el local, con un amigo me conseguí una cámara, compré películas y comencé a tomar las fotos en la calle, en un improvisado estudio en la plaza. Tomaba las fotos y me iba a la casa a revelar y hacer las ampliaciones y volvía rápidamente en bicicleta al centro a entregar las fotografías. La clientela no me falló y gracias a ellos logré levantarme de nuevo”.

DOS GRANDES IMPACTOS: SOBREPONERSE A LA MUERTE DE DOS HIJOS

Jorge Astudillo en los últimos años sufrió otros dos impactos demoledores, la muerte de dos hijos, uno de los cuales tomó la drástica decisión de terminar con su vida tempranamente: Jorge Astudillo Torres, 45 años, y Jorge Astudillo Cataldo, de 40.

¿Cómo se sobrepone un padre a la partida de dos hijos que murieron con dos años de diferencia, cuando por su oficio de fotógrafo tiene recuerdos de ellos por todas partes?

“Se requiere mucha fuerza porque son golpes muy grandes, tengo fotos por todo el estudio que me recuerdan que no volveré a verlos nunca más en la vida. Yo creo que con ayuda de ellos he podido seguir adelante, me siento respaldado por ellos en sus fotografías, y no me siento solo porque siento que me están acompañando y eso me hace tener fuerzas para seguir. Cada semana los voy a ver al cementerio para sentirme más cerca de ellos”.

Jorge tiene otros tres hijos, dos hombres y una mujer, y una nieta que “me roba el alma”, dijo.

 

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