DEMOCRACIA EN CRISIS

DEMOCRACIA EN CRISIS

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Por: Eugenio Astudillo Leal

El significado de democracia deriva de dos palabras griegas, Demos que significa “pueblo” y Kratos que significa “gobierno”, lo que explica que es una forma de organización de un Estado, en el cual las decisiones colectivas de sus habitantes se toman mediante mecanismos de representación, y/o por participación directa del pueblo, lo que le confiere legitimidad.

En otras palabras, por medio de la democracia se sirven las necesidades del pueblo, dentro de todas las diferentes formas que ellos adopten para asegurar la equidad, la transparencia, la seguridad y el control de sus acciones generales para el desarrollo de su bienestar y aspiraciones. Hasta aquí todo bien en lo que se refiere a definiciones y objetivos, lo lamentable fue que con su instauración la democracia creó para su operación, en los diferentes rincones del mundo, a una nueva casta de personajes, identificados como “los operadores políticos”, que se esparcieron como malezas por todos los países del orbes, los cuales se aprovecharon de la candidez ciudadana de sus nobles habitantes, e insertaron malos hábitos y procedimientos irregulares en ella, propiciando acomodos del sistema para sus propios beneficios particulares, olvidándose de lo principal de la democracia, que es “el beneficio del pueblo”.

El sistema democrático, con sus acomodos al desarrollo y crecimiento de la humanidad, duró muchos siglos desde su creación en la antigua Grecia, y a pesar de sus ajustes y desajustes interpretativos sufridos en todos los países del mundo, logró así, en algunos de ellos, plenos éxitos, y en otros no tanto, pero así y todo, siguió siendo aceptada y respetada, hasta que en los últimos tiempos, por varios y diversos exceso cometidos en su nombre, las debilidades inducidas por los abusadores descritos en los párrafos anteriores, le entró un nocivo virus de complacencia en la interpretación de sus principios básicos, lo que ha derivado en que también hoy, ella se vea afectada por una gran pandemia, mil veces superior y dañina al Covid19, y que al igual que esta epidemia, corroe a varios sectores del universo, muy a pesar de la ciencia y lo social, que hasta el momento no tiene vacuna, ni ningún remedio eficaz para mejorarla, ante tan variados síntomas globales que tienen, como origen; la corrupción, los privilegios abusivo, los aprovechamiento y exceso de beneficios para algunos, el uso de la mentira como método, etc.. Y todo esto por culpa de los mismos señores, que hemos elegidos para protegerla y defenderla.

Para evitar confusiones, aclaro de inmediato que no solo me estoy refiriendo a casos sucedidos en Chile, sino que, al drama de violencia y desorganización que hoy vive el mundo entero, entre ellos casi todo Sudamérica.

Sin darnos cuentas, por estos días, estamos viviendo o/y llegando al término de la política democrática exitosa como nos la enseñaron por siempre, en los antiguos textos de historia o de Educación Cívica, de todos los países del mundo, actualizados; todos ellos, con dos nuevos conceptos introducidos por los ganadores de Segunda Guerra Mundial; Capitalismo y Comunismos, sistemas que en definitivas están provocando el deceso del concepto democracia, que ya no es como se pregonaba en forma presuntuosa antes, “como el arte de gobernar”, pero que, desde después de ese conflicto, en un período llamada Guerra Fría, empezaron a malearla en su esencia, promoviendo como mala idea, que a las únicas mejor democracias solo se podían lograr por medio de uno de estos dos estimulantes conceptos antagónicos y repelentes entre sí, como el Capitalismo o el Comunismo, lo que en definitiva llevó a muchos pequeños países desde entonces, en los diversos continentes, a creer, que solo había que optar por una de esas dos únicas vías para llegar al mentado desarrollo. Desde ahí parte, hace más de medio siglo atrás, la gran división que afecta a nuestra sociedad hoy día; izquierda o derecha, separación agravada ahora, por ciertos aspectos de incompatibilidad generacional entre viejos y los nuevos jóvenes milenios, lo que hace que nuestras democracias; como sistema, aún está más debilitada.

Para apreciar como la cuestión sigue de mal en peor, en lo cercano, solo basta ver en el entorno latinoamericano, para advertir la angustia y la desesperación de los pueblos: Los problemas de Bolivia, los cambios en Perú, la pobreza en Argentina, el drama de Venezuela, lo incierto de Brasil, y siendo honestos, los grandes problemas del país nuestros, Chile. Pero el asunto ha llegado mucho más lejos aún, de lo que jamás imaginamos, alcanzando y ya superando a grandes baluartes demócratas mundiales, como son los temas que hoy afectan en orden, desarrollo y seguridad en países como Francia, Reino Unido, Italia y España, solo para nombrar algunos de Europa, y para que nombrar el drama que vive hoy Estados Unidos, con sus elecciones internas, en donde un rey baluarte de la democracia mundial, no quiere entregar su corona perdida, lo que ha ocupado todas las noticias del mundo de este fin de semana, y que todos esperamos termine bien, por la democracia y la paz del mundo en general.

Me pregunto modestamente, ¿fracasó la democracia despues de más de miles de años?, o tal como en Chile, la convivencia de un mundo político dividido, que aún no se acomoda a los tiempos modernos, de ambos extremos ideológicos, están y continúan destruyendo la democracia, por falta de objetivos globales, solo por el poder y el dinero, y su afán eternizarse en el cargo.

No sacamos nada con cambiar la constitución si el cambio del mundo va por otro lado. ¿Se habrá terminado la democracia como método de participación de la gente?,

Seamos claro, los responsables de todas estas crisis son los mismos señores políticos de los últimos tiempos ¿se debe cambiar ahora también la forma de elegirlos, describiendo para ellos mejores estudios, aptitudes y otras cualidades para postularse a los cargos?

¿Si o no Florcita Motuda? Gracias a esto, ahora para los viejos, el infierno ya no un lugar “de miedo” como antes creíamos, sino que, una posibilidad de vivir mejor a futuro, en un lugar seguro, tranquilo y de paz, mejor que ahora.

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