La linda Isapre

La linda Isapre

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Por @rodrigosolo

Tengo 85 años. Vine con mi hijo a una Isapre a tener salud. (¡Qué lindas las sillas negras de la sala de espera!)

Díganme lo que quieran, pero siempre me creí sana. Podía tener plan de salud ya sea por Fonasa a 1 uf o en el sistema privado a 11.8 ufs. Tengo dinero, mi hijo prefiere esta Isapre y acepta el cargo a su plan familiar vigente.

Pero nos ha llegado una carta por eso llamado email (no entiendo de computadoras). Nos explican: como mi hijo tiene a sus hijos (mis nietos) también en ese plan de salud y además un seguro complementario, va a tener que eliminar ese segundo contrato (aunque yo por mis años no podía estar en ese seguro, lo sé). Sólo así me aceptarán a mí. ¡Pero ya me habían firmado un papel! Un contrato accesorio debe terminarse para poderme inscribir en el principal de salud. Tonta no soy, ¡caché altiro!

Algo huele mal.

Nos dicen que reclamemos en la Superintendencia, en el Sernac, pero —a pesar de ya tener pagados dos meses de mi supuesta cobertura de salud de 23,6 ufs— no tengo salud.

No vaya a enfermarme a mis años, yo tan vieja, pero estoy como tuna. No quiero ni vacunarme para que usen mi dosis en alguna otra viejita más debilucha.

Pero voy entendiendo las cosas: las protestas de estos niños que pensaba izquierdistas, el descontento contra las Afps, el sistema, la educación, las Isapres.

Si me da un patatú en mi corazón de melón no me pagarán ni las jeringas ni el suero. Todo porque estoy vieja, porque ya no les sirvo, porque soy mujer, además, vaya una a saber.

¿Por qué los chiquillos tiran piedras?

Seguro les pasan estas cosas a ellos y a sus parientes, a sus abuelitos, por las famosas preexistencias “que no se cubren”, la letra chica de los contratos.

¡Ay Dios mío!, por suerte estoy sanita. No tengo pololo, pero me queda salud.

Estaba pensando que quizá es importante decirles a ustedes —dulces lectores— el nombre de la Isapre.

¿La digo?

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Javiera Fernández Académica de la carrera de Derecho,