La Rompe Huesos

La Rompe Huesos

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(Cuento ganador del Concurso «Palabras a Los Andes»)

Hace unos años, había en las afueras de un pequeño pueblo llamado Los Andes, una joven estudiante de nombre Julieta que tenía que trasladarse en micro todos los días, de ida y de vuelta desde el sector donde ella vivía, el lugar tenía por nombre EL Sauce, para poder llegar a su colegio. La micro en la que se traslada tenía un aspecto que sobresalía entre todas las demás micros que habían en el terminal de la ciudad, esto se debía a que no era una micro, sino que era un bus, pero era un bus tan viejo que en invierno el techo tenía goteras y los asientos estaban empapados de agua.

Una mañana cuando Julieta se subió con su mochila a la micro, luego de pagar su pasaje se dirigió a sentarse en un asiento que para su suerte estaba vacío, porque siempre la micro iba llena. Cuando por fin se sienta, ¡PUM! El respaldo del asiento estaba roto y la joven se va de espalda al suelo con los pies al aire. Todos los pasajeros se rieron de Julieta, porque ya sabían que ese asiento estaba malo, por eso no se habían sentado ahí. La joven estaba roja de la vergüenza y se paró rápidamente como si nada hubiera pasado.

Ese mismo día, por la tarde, todos los escolares regresaban a sus casas, pero la micro que Julieta tomaba pasaba y salía del terminal cada una hora, por lo que a las 6 de la tarde la micro se iba completamente llena. La joven siempre se subía de las últimas, porque era la primera en bajar y no quería quedar atorada entre los demás pasajeros en la mitad de la micro. Cuando por fin se subió iba tan apretada, que la puerta le quedaba pegada en la cara y se sentía como un horno dentro de esta. En el momento en que tenía que bajarse le dice al chofer que la deje en el paradero, paradero que en ese tiempo era de tierra. La micro no alcanzó a parar y ya había abierto su puerta y la joven cae de nuevo al suelo, quedando completamente llena de tierra, parecía un empolvado.

La micro a pesar de su aspecto andrajoso y deteriorado, era querida por todos los del sector El Sauce que la utilizaban, la llamaban “La Rompe Huesos” puesto que cuando iban sentados, se sentía que todos los huesos del cuerpo saltaban, con un solo viaje en la micro se alineaban hasta los chakras.

Hoy Julieta y los demás pasajeros que utilizaban “La Rompe Huesos” la recuerdan con mucho cariño, guardando las mejores historias de amor, de asientos mojados, de escolares apretados, de señoras con bolsas de supermercado, de caídas vergonzosas y sobre todo el transporte que nunca fallaba cada una hora.

Maura Cortez Vásquez.

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