La Guitarra eléctrica/Cuento

La Guitarra eléctrica/Cuento

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Por @rodrigosolo

El Labbé era un pastel. Los profes le tenían buena porque tenía un cuerpazo como Vidal. Pero no tenía neuronas, Diosito Io perjudicó en la repartija. Pero en mi colegio no era muy importante ser clever en ciencias o historia, Io que tenía verdadero valor era ser un crack deportivo.

-¡Rodrigo Solo, hey, tú, tontorrón, ven!

Estaban mis compañeros en el patio. También mi amor platónico, Pilar. Más o menos me sabía el libreto que venía a continuación: empujones, botaban el libro que estaba leyendo sus amigotes, paf, su trompada de turno que no me hacía daño (pero humillaba como las reverendas).

Pasaron los años, la cosa se fue calmando, y en cuarto medio tuve mi vendetta cuando se le ocurrió quitarme una pelota en clases y se me plantó al frente y me dijo: “Quítamela mother fucker” (era un colegio cuico en que nos enseñaban inglés como segunda lengua).

Ya tenía diecisiete años, trotaba por las tardes -por culpa de toda la zaga de Rocky-, hacía pesas, había ganado un campeonato de lucha libre y mi cuerpo amorfo de gordito del curso había mutado. Lo tomé en vilo, Io lancé contra el primer banco, cayó encima y, como un efecto dominó, cayeron los asientos siguientes. Escuché ese «ohhh” que yo tantas veces había oido. «Si te levantas, Labbé, te mato. Hace años que quiero hacerlo.” No se atrevió a moverse hasta que llegó el profesor. Nos conocíamos, sabía toda la historia, sonrió como guardando en su mente la escena desde la puerta, y nos sacó a los dos de la sala hacia inspectoría.

Pasaron más años que los años anteriores.

Mi mujer ha llegado al living con una página seleccionada del Mercurio. Me zambullo en la información: detienen a conspicuo empresario del barrio alto por estafas reiteradas en su automotora Labbé Inc.

Sonrío. En mi equipo Technics pongo el disco de grandes éxitos de ACDC a todo volumen.

-¿Mamá que está pasando? ¡Mi papá se volvió loco?

Ella miró desde los vidrios de la puerta americana. Yo estaba en trance en mi guitarreo imaginario.

-Creo nunca había estado más cuerdo- le respondió Pilar, y siguió en sus cosas, y yo en las mías.

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