SINCEROS APL

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Eugenio Astudillo Leal

He escuchado con mucha atención; últimamente, a algunas autoridades de gobierno haciendo un llamado a aplaudir, a cierta hora de la noche, a los miles de funcionarios de la salud, que en estos momentos, se están sacando la mugre por atender satisfactoriamente, las miles de peticiones por contagios, que los habitantes del país tienen, o creen tener, de este tristemente célebre Coronavirus.

Tratando de entender este tipo de llamado, respetuosamente y con sinceridad, quiero expresar mi sentir honesto sobre la esencia de la misma, en donde la convocatoria en sí, está bien hecha – Siempre es bueno reconocer oportunamente la calidad y el servicio de alguien – pero, cuando el reconocimiento se hace justo en el momento que más se anhelan y valoran sus especializaciones laborales; en esta oportunidad por el caso pandemia, habiéndolas ignorados, y no considerados adecuadamente en todo el resto de la vida, derechamente suena como una acción “chupa patas”. Digo lo anterior, porque yo, como humilde columnista de este querido Diario, tal como muchos viejos de las generaciones de la mitad del siglo pasado que aun quedamos vivos, en por lo menos, en estos últimos dos años, he escrito cuatro columnas, en tiempos diferentes y de tranquilidad sanitaria, destacando muchas de las atenciones, detalles, y esfuerzos que conllevan las prestaciones del personal de los servicios de salud de Los Andes y San Felipe, incluyendo sus Hospitales y CESFANES, alabando la calidad y preocupación de sus trabajadores por los ocasionales pacientes, en donde, eso sí, he debido presenciar con pena, la prepotencia de algunos usuarios energúmenos, que actúan con soberbia y maledicencia, contra estos; hoy, considerados y aplaudidos trabajadores del servicio de salud.

Yo, por algunas enfermedades crónicas que por la edad ya me persiguen, debo recurrir; por sus diferentes especialidades, a los dos CESFANES de Los Andes, y por derivación de las mismas, a los Hospitales de Los Andes y San Felipe. Por eso me puedo declarar conocedor del sistema´, y porque también en conversaciones de amigos y conocidos de mi edad o cercanos, que también hacen lo mismo por su salud, tenemos plena conciencia de que nunca, jamás, ellos y yo, en ninguno de los locales descritos, hemos recibido mal trato o una atención indigna o irrespetuosa. Por eso, como lo digo precedentemente, anteriormente he escrito esas cuatro crónicas positivas para el personal de la salud, de ambas provincias, porque en esas atenciones anónimas, sin las presiones noticiosas de ahora, he sido siempre; al igual que la mayoría de mis congéneres usuarios, muy bien atendido y tratados, siempre en forma sobria y profesional, acordes a nuestra condición de ser humano digno.

Por eso, esto del aplauso de estas noches, no va conmigo y con muchos amigos, porque a los trabajadores de los servicios de salud los hemos aplaudido siempre, y en cada ocasión que podemos, con la corrección y el respeto que se merecen. Siempre agradecidos, por el hecho de saber que ellos están permanentemente presente en nuestros apuros médicos. Especialmente ahora, que estamos más viejos, y necesitamos más preocupación, comprensión y apoyo, cosas que en ellos las encontramos, sin necesidad de virus o pandemias.

Por eso, estas noches no aplaudiré porque lo pide un Ministro, o me deje llevar; como muchos, por la emoción y el miedo al peligro de caer enfermo y/o la muerte por el virus, sino que, seguiré aplaudiendo como siempre, todo los días, porque sé que los del Servicio de Salud están ahí, dispuestos, permanentemente, con pandemia o sin pandemia, y prefiero reconocerlos todos los días, con agradecimiento constante de saber que los 360.000 funcionarios están, y seguirán estando atento a los problemas de la población, y no esperar cien años más para aplaudirlos en la próxima pandemia.

Demostrémosle nuestro cariño y agradecimiento todos los días, y que este amor no solo sea presionado por el temor y el interés.

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